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Valencia 24 de octubre 2009

MOVIMIENTO VECINAL – XXXV AÑOS A.VV. BENIMACLET

Bajo el franquismo no fuimos ciudadanos, los españoles éramos sujetos de derecho sin capacidad para intervenir en la elaboración de las leyes a las cuales debíamos obedecer.

En aquel tiempo que para muchas personas parece muy lejano emergieron como una semilla que se fructificó por toda la piel de toro los pequeños canales de representación reconocidos por el régimen franquista, las asociaciones de vecinos, que ante la carencia de los mínimos servicios públicos que garantizaran una vida digna: alcantarillado, vivienda, transporte y otros, fueron el germen de las protestas en principio en las ciudades más industrializadas y más tarde por toda España.

Las asociaciones de vecinos se sumaron a otros colectivos que desafiaban al poder establecido. El movimiento vecinal fue uno de los agentes clave en el desmoronamiento de la legitimidad de la dictadura.

Podemos hablar de una “escuela de ciudadanía” surgidas al calor del antifranquismo que ocuparon un puesto de privilegio durante la transición y que han logrado mantener una autonomía organizativa y una constancia reivindicativa.

Alternativas a los partidos dado su carácter interclasista distinguía el movimiento vecinal de otras modalidades clásicas como el movimiento obrero. Se puede percibir su potencial capacidad de aglutinar todas las dimensiones de la condición ciudadana, lo que ningún otro movimiento social por separado puede aspirar a ofrecer.

El movimiento vecinal incorpora reivindicaciones económicas, sociales, políticas y culturales de todo tipo, algunas relativas a los servicios del Estado del bienestar –como sanidad, educación, vivienda y dotaciones deportivas públicas- pero otras nuevas emergentes –como el interés por la ecología urbana y la sostenibilidad- que sitúan el movimiento vecinal en el eje que une lo global con lo local.

A pesar de todo ello constatamos que el déficit de la democracia española es la necesidad de complementar los procedimientos representativos con la participación activa de los ciudadanos en la toma de decisiones.

El movimiento vecinal tiene poca historia escrita, nunca podrá ser contrastada con evidencias documentales su gran trabajo, han sido marginadas de la narración de la transición a la democracia, solo las personas que han luchado en el movimiento vecinal son el testimonio de una identidad ciudadana edificada en la lucha colectiva y en la reflexión sobre las victorias y derrotas acumuladas.

El movimiento ciudadano en España es una referencia en la historia de los movimientos sociales urbanos en el mundo. Fue un movimiento de amplia base popular que se extendió desde los barrios de chabolas a las zonas residenciales de clase media y que participaron militantes políticos de todas las ideologías progresistas y multitud de personas sin ideología de ningún tipo pero dispuestos a luchar por la mejora de sus condiciones de vida.

Y su lucha consiguió cambios muy profundos en el espacio, en la cultura y en la política. Obtuvo la remodelación de barrios marginados, mejoró condiciones de vivienda en los polígonos de aluvión, consiguió equipamientos urbanos hasta entonces inexistentes, creó espacios públicos, reanimó la cultura popular y la vida de calle, organizó y concienció a los ciudadanos, promovió la autoorganización de hombres y mujeres, fue escuela de democracia y liderazgo, contribuyó a la presión popular que trajo la transición democrático y creó las condiciones para la victoria de la izquierda en las primeras elecciones municipales democráticas después de la guerra civil.

Pero los partidos políticos de la democracia que habían asumido el protagonismo de crear un nuevo Estado no estaban dispuestos a ceder poder ni a permitir contra-poderes. Los constitucionalistas impusieron sus argumentos sobre la democracia representativa como única posible, denunciaron la oposición entre democracia formal y de base como demagogia irresponsable y los nuevos responsables municipales se apresuraron a ocupar sus poltronas y a recabar la colaboración de las asociaciones ciudadanas, éstas pagaron el precio de la integración del movimiento en la política partidista, el movimiento popular se fue apagando por la transferencia del debate y la decisión a las esferas de la Administración y todo el movimiento social se inmovilizó.

No ha sido un movimiento estéril y mientras las ideas sigan vivas, hay vida por delante y cuatro décadas más tarde, un nuevo movimiento ciudadano ha surgido al calorcillo del rescoldo de las luchas pasadas. Puede que sea un movimiento incipiente, pero enlaza con unas raíces históricas que viven en la memoria colectiva del pueblo. Por eso necesitamos analizar de donde venimos y debemos reflexionar sobre nuestra historia. Las ciudades con sus barrios viven de su transformación y ésta depende de la capacidad de los vecinos para poder controlar su ciudad, debemos aprender de la historia para construir una nueva historia mejor.

El movimiento ciudadano nació como respuesta espontánea a las condiciones de vida que caracterizaban las ciudades hace medio siglo como consecuencia de un crecimiento urbano caótico, dominado por la especulación del suelo y el negocio inmobiliario y todo ello sin control por parte de las instituciones locales en manos de burócratas, fascistas, corruptos y otras gentes de mal vivir.

En principio, el movimiento vecinal se constituyó a partir de reivindicaciones muy locales, demandas de equipamientos urbanos, el movimiento ciudadano articuló muy pronto las reivindicaciones urbanas con las demandas de democracia política. Pero lo hizo de forma natural, no idelógica, ésa fue una verdadera escuela de democracia, porque de repente la gente que no era “política” descubrió que la democracia era una necesidad, no una consigna de rojos.

El movimiento ciudadano articuló las reivindicaciones urbanas, la cultura de la ciudad y la exigencia de democracia política a partir de organizaciones autónomas de base coordinadas entre ellas, todo esto la definió como movimiento social y le permitió crear una amplia base social dándoles la fuerza necesaria para poder conseguir sus victorias.

El movimiento ciudadano fue, desde sus inicios, un movimiento altamente politizado, fue espontáneo en el sentido de que nació de reivindicaciones concretas, pero fueron los militantes políticos los que se pusieron desde el principio al frente de las luchas y fueron reclutando para sus partidos a la mayoría de los líderes que iban surgiendo y se constituyó un frágil equilibrio, los comunistas y los partidos de extrema izquierda se apoyaron en el movimiento ciudadano para compensar su debilidad electoral frente a los socialistas.

Pero lo que ni socialistas ni comunistas aceptaron fue la persistencia de un movimiento ciudadano autónomo que pudiera controlar la gestión municipal y mantener la tensión reivindicativa.

Los partidos retiraron a sus mejores cuadros del movimiento y les ofrecieron puestos en la Administración y con ello las ideas embrionarias de participación ciudadana pronto desaparecieron y el movimiento vecinal vaciado de sus dirigentes, no reconocido como interlocutor autónomo, inservible como correa de transmisión, quedó flotando a merced del oleaje político.

Faltos de una base popular, la gestión municipal fue perdiendo apoyo para contrapesar a los grupos de presión que fueron recuperando terreno en el control de las ciudades y una nueva clase media se enriquecía y olvidaba el mal sueño del franquismo.

Pero como el pulso de la ciudad sigue latiendo y los problemas se acumulan, mientras los políticos pasan, los ciudadanos quedan y generan nuevas reivindicaciones, nuevas propuestas, nuevos sueños. Un nuevo movimiento ciudadano.

Los viejos temas del movimiento vecinal (vivienda, equipamientos, transportes) siguen marcando la estrategia de las entidades vecinales, junto a ellos, observamos como se abren nuevos temas, nuevas configuraciones de conflicto, la inserción de la población inmigrante y el impulso de la economía social y el desarrollo local y como un tema muy importante la construcción de la democracia participativa.

El aspecto dominante del movimiento vecinal a lo largo de los años ha sido y sigue siendo la intervención en los procesos urbanos clave por mediación de la intervención en el proceso político, presión-negociación en las prácticas y discursos. El esquema se resuelve en apretar a la presa, la Administración, primero para que admita que existe un problema, segundo que admita el deber de dar una respuesta en tiempo y forma y tercero que admita que el discurso vecinal es certero.

Podemos afirmar que los movimientos sociales entre ellos el vecinal, son agentes promotores principales de la construcción del Estado del bienestar. Entendiendo por él la agregación de una ingente masa de recursos destinados a inversión social (constituir y aumentar el capital social fijo), consumo social (constituir y aumentar el capital social variable, y así incrementar la productividad relativa del trabajo) y gastos sociales (cubrir las necesidades derivadas de la existencia de una población inempleable).

La defensa del Estado del bienestar se ha erigido en una de las columnas vertebrales de los movimientos ciudadanos, toda vez que significa la defensa de las conquistas sociales. En este marco, la defensa de los servicios públicos es, en la actualidad, la bandera de las movilizaciones vecinales. La sanidad pública y la enseñanza pública deben ser nuestras puntas de lanza para defender nuestras conquistas sociales.

La defensa de lo público debe ser prioritario para las asociaciones vecinales

La democracia participativa, en su interpretación más genuina, consiste en fórmulas que no solo permiten la deliberación directa, sin mediaciones de la gente. Sino que son fórmulas que la provocan. Las estrategias de los presupuestos participativos de Porto Alegre y de democracia participativa de Kerala (India) han tenido el inapreciable mérito de poner en la agenda política la posibilidad de la democracia directa y su imbircación con la democracia representativa..

Que el movimiento vecinal sea un movimiento asambleario es un tesoro. En las formas de hacer y de decir de sus partícipes está el desafío de que no sea un tesoro perdido.

Las escuelas de democracia no eran aulas y profesores, sino aprendizaje colectivo sobre la marcha. La creatividad de organizar un festival musical, o una manifestación y las pancartas, actividades deportivas o folclóricas, o un encierro en una iglesia, nos estaba capacitando a todas las personas participantes. En aquel ambiente de libertad interna había mucho de contraste con el ambiente de la sociedad y el Gobierno, tan tradicionalistas.

Hay quien cuenta la transición como una serie de batallitas heroicas, detenciones, actos arriesgados, etc., pero para la mayoría (aún con mucho miedo dentro) era que entre todas y todos no nos podían cerrar el paso a la libertad y la democracia.

Hoy apenas existen esas escuelas donde aprender las nuevas formas de democracia participativa y además el papel que juegan los movimientos sociales no han sabido mantenerse independientes en la mayoría de los casos, lo cual no quiere decir adoptar una posición neutral. Muchas personas se apartaron de bastantes asociaciones al ver que eran partidistas, al contemplar que los militantes de las mismas no sabían separar sus consignas de partido de lo que es una asociación o movimiento social. Y la independencia es un elemento clave para que un movimiento obtenga credibilidad como tal. Se puede ser independiente y hacer política de base, desde la gente, que no es lo mismo ser neutral sino posicionarse a favor de lo que se construye colectivamente desde los sectores implicados, desde abajo, aplicando las democracias participativas.

El movimiento vecinal tiene que incorporar nuevas sensibilidades, nuevas perspectivas e innovaciones participativas, estableciendo nuevas alianzas, madurar como movimiento ciudadano. El eje nuclear de este recorrido es la sostenibilidad que no se puede entender sino como social y ambiental a la vez. Este proceso es un reto para el movimiento ciudadano, saber establecer las mediaciones y las alianzas que permitan construir una nueva identidad, un nuevo sujeto ético, un ciudadano activo, con responsabilidad sobre su propio futuro, es decir, sobre el futuro de la ciudad y también de la humanidad.

Aún nos queda mucho por hacer y mucho por aprender.

Muchas gracias por vuestra atención.

Antonio Pérez
Presidente A.VV.Benimaclet